El paisaje se contruye a partir de percepciones, actividades e ideas. No es algo que solamente está ahí, sino que nosotros mismos somos paisaje; lo pensamos, lo usamos, lo sentimos y lo transformamos. Y al mismo tiempo, le hacemos preguntas que no siempre tienen respuesta.
Ficha tecnica:
Titulo: Fenomenologias 2: intencionalidad de horizonte
fotografias, video y textos: Martin Bolaños
Curaduría y luces: Guadalupe Pardo
Lugar: Centro Cultural Libanes, Valcheta, Ocia de Rio Negro, Argentina.
Fechas: inauguracion 20 de agosto de 2016
Duracion: entre 1 y dos semanas
Horarios de visita: a confirmar.
Planos de la instalación (provisorios y sin escala)
Textos
400 S / 600 O
Imagen Satelital de la localidad de Valcheta,
en la meseta patagonica. Ubicación: 40 grados Sur / 60 grados Oeste
Llegué a Valcheta por primera (y hasta ahora única) vez en
el otoño de 2016, invitado por mi amigo, el artista Juan Pablo Montelpare y en el marco de las preliminares de la
Plataforma Encuentro Sur. No conocía la
región, aunque si otros lugares de la provincia. Una de las cosas que yo
buscaba y que me habían dicho que podía encontrar acá era un horizonte
completo, ininterrumpido, que permitiera a uno girar la vista sin que nada
interrumpa la frontera (o el pasaje)
tierra-cielo. Esto solo existe en dos lugares: en el océano y en el desierto. Pero encontré mucho más.
Yo había tomado muchas fotos de otros lugares antes. Más que
nada de las montañas cordilleranas, donde no existen horizontes, porque las
montañas lo esconden en cualquier dirección. En la meseta en cambio el
horizonte siempre está rodeando y se lo ve por encima de donde uno esté. Imposible no verlo. Y yo pensaba: ¿cómo
fotografiar algo que está al mismo tiempo adelante y atrás de la cámara? Tuve
que inventar una forma poética de activarlo. No de representarlo, simplemente
de activarlo, de hacerlo presente, de hacerlo emerger mediante una mirada
particular.
I (Horizontes)
La mirada selecciona sectores del espacio-tiempo y explora
lo que aparece allí. Las cosas emergen dentro de un horizonte sugerido por los
límites de la imagen pero no se detienen ahí. Por más que veamos una línea de
horizonte, sabemos que ese horizonte es circular.
Lo que expande ese horizonte
es siempre una anticipación de aquello que no vemos (pero sí suponemos):
la circularidad infinita y el retorno de todas las cosas. Hay algunos lugares
que tienen un horizonte completo. Uno es el mar, otro es el desierto.
En el desierto estepario las mesetas no se terminan de
erosionar. Las barren los vientos y las borra la niebla. El horizonte es
continuo. El horizonte no encierra, no indica un adentro o un afuera porque
siempre se está alejando. Indica un círculo mágico en el que cualquier lugar es
el centro.
Entre tanto el círculo horizontal, el círculo mágico que no
se cierra nunca, que no tiene centro y que parece emitido por la sustancia
concreta de una luz invernal, esparce rocas. Los pedregales son una
señalización del no-centro. Por eso la
gente reubica piedras bajo el amanecer. Sin la piedra, el círculo ya no se
expande, se cierra. Comprime en su interior todo el universo estepario y lo
transforma en un producto concretamente
humano.
II (Piedras)
Las petrificaciones señalan esa centralidad imposible. Una
piedra vertical y dos piedras caídas: antigua fogata congelada en el aire azul.
Alguien que camina juntando rocas en el desierto. Alguien que encuentra huesos
y cuarzo. Alguien que habita sobre
universos superpuestos.
Las piedras y los arboles petrificados indican además un
portal en el tiempo. Emergen en (y por el) cruce de temporalidades divergentes.
Un presente que se estrella en el pasado y un pasado milenario que se lleva por
delante al ahora y al porvenir.
Mirar el rostro de la prehistoria y pisar un submundo
calcificado bajo las matas grises.
Pocos reparan sin embargo en que los pedregales insisten en
trabajar sobre (o partir del) tiempo. Las piedras son ciudades de líquenes e
insectos, el polvo y las hojas las frecuentan, pero en un incesante tránsito.
Transitar es otra manera de activar el tiempo.
La superficie mineral es una compacta textura sin poros, difícil pensar
que las rocas expresen algún espacio interior. Pero sí. La interioridad mineral
no puede sentirse desde el espacio, pero si, otra vez, desde el tiempo. El
interior de cada piedra es la historia natural de la tierra, pero también de un
grupo de planetas que se mueven desde hace tiempo cerca del sol. Esa historia,
larga y peligrosa por cierto, impide a la cámara del fotógrafo atravesar el
rostro de una piedra, retratarla como una presencia activa.
III (Niebla)
Los árboles son entidades individuales y severas. Integran
(y producen) un microcosmos activo, una urbanización populosa de insectos,
hongos y hojas que nunca cesan de actuar. Los árboles no mencionan el silencio
porque no lo necesitan. Son un enjambre de murmullos que no tienen noche, ni
sueño ni amanecer. Viven y activan
durante siglos y no se cansan nunca.
Hay una conexión superficial con el árbol cuando se lo usa
para frenar el viento. Así como es
superficial cualquier intento de frenar. Árboles, postes y tranqueras no
componen un buen paisaje. Se excluyen
mutuamente y la convivencia no es suave.
Árboles y rocas, en cambio, inventan
una geografía sobrenatural.
Una columna vegetal comunica dos elementos: tierra y aire,
suelo y cielo. Comunican y transforman. Ni aire ni suelo serán los mismos
luego de su reconducción a través del
árbol. Las raíces transmutan la roca en arena, las hojas deconstruyen la
composición del aire, crean agua a partir del oxígeno, diseñan destellos en las
gotas de rocío y hacen raras operaciones con las sombras, la luz, el sonido y
el color. Una reconversión general del entorno físico, una criatura dinámica
que produce arte sin siquiera preguntar. Y la reconversión fundamental, otra
vez y siempre: el tiempo de los árboles no es un tiempo normal. El árbol te precede y reverdecerá sobre
cualquier tumba. Pero: cuántas temporalidades diversas anidan en un árbol. El
tiempo molecular de los líquenes, el tiempo sideral de las cortezas, el tiempo
estacional de las hojas, el tiempo devocional de los insectos que no dejan de
trabajar y, en fin, la fugacidad frenética de las aves, que trinan ya incluso
antes de aparecer.
Si esto es posible en un árbol individual, consideremos lo
que puede hacer un pequeño bosque. Aunque sólo esté compuesto por dos árboles.
El poder de reconfigurar el espacio y el tiempo, la luz, la tierra y el aire,
es superior al poder del horizonte y tal vez (solo tal vez) equiparable al
poder celestial de las nubes.
Retratar un árbol no es como retratar un conjunto de
árboles. Cada personalidad, cada adusta presencia arbórea se reproduce
abismándose en una espacialidad cavernosa. El campo focal se ve siempre
comprometido en toda asamblea de árboles. No hay planos estables, todo se
enrosca y fuga hacia el fondo, lo que está adelante preconcibe lo que se escapa
hacia atrás. Y a la inversa: el fondo carece de sentido a no ser porque algo
emerge en una complicada sucesión de planos.
Por eso: cuando se levanta la noche y solo queda una niebla
espesa y difícil de respirar, nubes con olor a quemado desdibujan su
profundidad a la vez que emanan desde una sorprende explosión de luz. Entonces,
y a partir del movimiento oscilante de la luz, el tiempo vuelve a crear al
espacio, resuelto ahora como multitudinaria convivencia de claridad, nube,
niebla, movimiento y profundidades sin fin.
Desaparece el
horizonte y solo quedan los postes de luz. Y algunos perros ladrando en
la niebla.
III (Nubes)
a)
Muchas temporalidades posibles pero ninguna definitiva es lo
que trazan las nubes en su lento deambular. Desplazamiento vaporoso de grandes
barcos en el cielo. No se puede fotografiar una nube, no se puede detener un
paisaje.
Gracias a las nubes (y no al sol) los paisajes son
configuraciones temporales y dinámicas de la luz; un movimiento perpetuo de formas, de colores y
de aire tonalizado. Efectos especiales hechos de juegos de aire y de luz. Las
nubes, como elementos fundantes del paisaje-luz (paisaje-tiempo) exigen
abandonar el tiempo habitual humano, dividido en horas, minutos y segundos. Si
se intenta percibir una nube de esta manera, el aburrimiento será infinito y la
experiencia perdida será abismal. La respiración exigida es otra, la
temporalidad del cielo es contraria a la arritmia agitada del trabajo y del
capital. Hay una nueva forma de vida pasando encima del mundo: pero nadie parece
capaz de entender.
b)
No se puede fotografiar un paisaje porque no se puede
congelarlo en una postal. Las fotos de paisaje mienten. Los paisajes inmóviles
son solo una mercantilización turística. Todo se mueve. Hasta lo más lento se
mueve. Esa piedra ya no está donde estaba antes, no tiene el mismo color y la
está modificando el viento. Esa sombra
ya no está, la otra apareció recién.
La cámara de fotos queda perpleja ante la sutil complejidad
del afuera. No bien entró la luz al lente, lo que estaba ya no es y lo que fue
ya no será. Será otra cosa: otro mundo,
bajo nuevos soles.
Todo esto asumiendo que incluso la cámara de fotos es un
instrumento para operar con el tiempo.
Un tiempo, que sin embargo, es incapaz de capturar.
Horizontes
Imágenes de la muestra
nota de prensa: http://lineasurnoticias.com.ar/inauguracion-de-la-muestra-artistica-fenomenologias-2-en-valcheta/
Obras
Horizontes
intencionales
Video monocanal,
10 min. loop
2016
https://vimeo.com/187358314
https://vimeo.com/187358313
https://vimeo.com/188839712
Relaciones
locales
Instalación.
Piedras recogidas en las colinas de los alrededores del pueblo
2016
Tiempo
luminiscente
Diptico
Fotografia
digital, toma directa
2016
Tiempo-materia
Diptico
Fotografia
digital, toma directa
2016
La
luz de Valcheta en agosto, según Dorita
Gudalupe Pardo
Instalación
de sitio específico Tierra / arena / vegetación nativa de la zona
Sistema de iluminación rgb con placa de control Arduino y base de
datos.
El
paisaje se construye a partir de percepciones, acciones e ideas. No
es algo que solamente está ahí, nosotros mismos somos paisaje; lo
pensamos, lo usamos, lo sentimos, lo transformamos, lo completamos.
Lo asimilamos desde nuestra subjetividad cambiante. ¿Con qué
frecuencia nos detenemos a percibir el paisaje?
Las
placas lumínicas fueron programadas para que cambien de tonalidad e
intensidad, las 24 hs del día según los horarios de la salida y
puesta de sol en Valcheta en esta época del año. Base de datos
suministrada por Dora (falta apellido)














































